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    Javier Raygoza Munguía
    Director del semanario PÁGINA Que sí se lee!
    de la Ribera de Chapala


    El Señor Cura


     

     

    Don Raúl Navarro Ramos

     

     

    Por el Porf. Ricardo Vidrio Oliva/PAGINA Que sí se lee!

    (Primera Parte)

    En el calor de aquella trágica tarde de Abril, el enorme cortejo que abarcaba cuadras y cuadras, avanzaba hacia el Panteón Municipal de Mezquitán. La lentitud dolorosa en el paso de la muchedumbre, contrastaba con el ímpetu y la fuerza con que entonaban ese  canto de lucha, de Fe, de vida y esperanza. ¡QUE VIVA MI CRISTO, QUE VIVA MI REY!, ¡QUE IMPERE DOQUIERA TRIUNFANTE SU LEY!, ¡QUE IMPERE DOQUIERA TRIUNFANTE SU LEY!.

     Era evidente que aquella tragedia no significaba una derrota y que el combate, de dimensiones cósmicas, se había transportado de los campos de batalla al interior de las almas. Desde lo más profundo surgía el clamor, que nada, ni nadie podría acallar; ¡VIVA CRISTO REY¡ ¡VIVA CRISTO REY!. Se percibía cómo los corazones ardían con una misma llama, en una explosión que estremecía el Universo y sobrecogía el corazón del pequeño Raúl, quien apretaba fuertemente la mano de su madre.

    Doña María Guadalupe Ramos y su hijo asistían al sepelio de los defensores de la libertad religiosa; el Lic. Anacleto González Flores, Luis Padilla, Gómez Loza, Jorge y Ramón González Vargas, quienes habían sido fusilados en el Cuartel Colorado, el 2 de Abril de 1927 y a quienes el pequeño Raúl había conocido en la botica de la Familia Vargas, el punto de reunión de los defensores de la Fe Católica.

    A los 8 años era difícil entender los brutales acontecimientos, producto de una represión encarnizada que colisionaba con una resistencia heroica, como la de la defensa del Templo de la Parroquia de Jesús, el único templo de la República que el Gobierno no pudo incautar porque era defendido día y noche por todos los vecinos que estaban dispuestos a dar su vida por protegerlo. En un tiempo tan difícil, a falta de sacerdotes, desterrados unos, martirizados otros, los sábados eran administrados los sacramentos por unos cuantos que quedaban ocultos en las casas. Entre semana, de 8 a 10 de la noche, se realizaban actos penitenciales en el Templo de la Parroquia de Jesús, en los que a la gente adulta se le prestaban cilios con los cuales se azotaban apagando las luces y entonando los cantos "Perdón, Oh Dios Mío" y "Jesús aplaca tu ira". Sábados y domingos había liturgias de la palabra en distintas horas, en las que explicaba el Evangelio el panadero que hacía el birote más famoso de Guadalajara y que fue bautizado por el pópulo como "El Cura Birotes". La misa del Domingo a las 8 de la mañana se abarrotaba con la asistencia de miles de niños que, de manera por demás emotiva y a voz en cuello, entonaban "QUE VIVA MI CRISTO, QUE VIVA MI REY…" En las casas se rezaba a diario El Rosario, se estudiaba el catecismo y se leía el periódico "Gladium", que dirigía el Lic. Anacleto González Flores, de notable elocuencia. Esta era una publicación que contenía la explicación del Evangelio y amplia información sobre el curso del Movimiento Católico.

    A tan temprana edad era difícil para el pequeño Raul entender los dramáticos acontecimientos, como el ocurrido aquel Sábado 1 de Abril de 1926, cuando al salir de la doctrina presenció confundido y aterrado el violento desalojo del Convento de las Madres Franciscanas del Refugio. Aún resonaban en su mente los gritos y llantos que se confundían con las ásperas voces de los gendarmes, cuando arrojaban a la calle a las religiosas junto con sus muebles y todas sus pertenencias,  para convertir el Convento en mesón y chiquero.

     El cortejo seguía avanzando paso a paso, y como en un acto de rebeldía ante tanta iniquidad, el pequeño sintió la imperiosa necesidad de unirse a aquel canto de lucha, de Fe,  de vida y esperanza; "¡QUE VIVA MI CRISTO! ¡QUE VIVA MI REY!...

    A principios del siglo XX, en el pintoresco caserío de Magadalena, típica población del Estado de Jalisco, Don Sabás Navarro y Doña María Guadalupe Ramos formaron una familia que a la sazón  procrearían cinco hijos; Teresa, Ana Victoria, Ramón, Raúl y María del Refugio. Cuando el cuarto heredero, que había nacido el 2 de diciembre de 1919, apenas tenía seis meses, en el año de 1920, se fueron a radicar a Guadalajara al barrio de la Parroquia de Jesús, en la finca marcada con el número 354, contra esquina del Templo del Refugio. En este templo el pequeño formó parte del grupo de acólitos que servían bajo el cuidado esmerado del ejemplar y devotísimo Don Panchito, carpintero competente, que nunca aceptó sueldo como sacristán y quien además fabricó para el templo, gratuitamente, puertas, bancas y todo lo de madera. Por cada servicio los acólitos recibían con alegría un boleto de manos del sacristán que les canjeaba cada ocho días por algún obsequio sencillo. La vida ejemplar de Don Panchito y la influencia del capellán Pbro. Juan Cortés, además del Director Franciscano que venía de Tala, el R. P. Fy. Pascual Avelar y del predicador más famoso en ese entonces en Guadalajara, el P. Cipriano Íñiguez, fundador de las religiosas del Hospital de Santa Margarita, impresionarían profundamente al pequeño que vivía y compartía con entusiasmo las festividades de Nuestra Señora del Refugio, la Adoración al Santísimo, los Viernes Primeros, las kermeses, peregrinaciones, música y castillos. Mariquita, la Presidenta de la Asociación de Hijas de María, el centro más floreciente de Guadalajara, semillero de apóstoles y catequistas, lo preparó para su Primera Comunión, la que recibió en el Templo de San Diego.

    Cursó su año de parbulitos con las responsables maestras Mariquita y Margarita Haro en las calles de Mariano Bárcenas y Reforma. Posteriormente, cuando la familia Navarro Ramos se mudó al 954 de la calle Angulo, a espaldas del Templo de la Parroquia de Jesús, se le facilitó al pequeño Raul su ingreso a la sencilla escuela anexa a este Templo con las competentes Maestras Apostólicas Juanita, Jesusita y Aurora siendo Directora la valiente y capacitada Srta. Basilia Sánchez, y como patrocinador el Sr. Cura Don Eduardo Huerta, quien impartía las clases de religión y que profesaba un gran cariño a los niños. Fundador de uno de los centros catequísticos más numerosos de la ciudad y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana que fue semillero de grandes valores como el Lic. José María Partida, Antonio de la Peña, Alfonso Díaz Morán, Mario Rivera. Todos ellos Presidentes Diocesanos. Con esta organización tuvieron contacto muy interno los Maestros Anacleto González Flores, Luis Padilla, Gómez Loza, los Hermanos González Vargas y algunos que llegarían a ser gobernadores de Jalisco como Orozco Romero y Cosío Vidaurri. De este grupo, que siendo niños y jóvenes tuvieron amistad, destacó el Lic. José González Torres que llegaría a ser Presidente Mundial de la Juventud de la asociación llamada PAX ROMANA.

    Al terminar su primaria en la Escuela Parroquial, fue enviado al Seminario en plena Persecución religiosa en el año de 1933. Dado el ámbito delicado de las persecuciones debía procederse con mucha cautela. Los grupos tenían que ser reducidos y recibían las clases en distintas casas y templos debiendo salir siempre en forma reglamentada. Era Rector el Pbro. Nachito de Alba quien sería posteriormente Obispo de Colima y su brazo derecho el R. D. Miguel Alba, sacerdote íntegro y varonil que visitaba con frecuencia los distintos grupos trasladándose siempre en bicicleta.

    Ya en la preparatoria tuvo como maestros a los dos Cardenales José Garibi Rivera y José Salazar López, a Fernando de la Cueva, a los cultos Sacerdotes José Ruíz Medrano, a los Sres. Canónigos de gran talento Narciso Aviña Ruíz, Toral Moreno, Benjamín Ruelas y el Pbro. Salvador Rodríguez. El R. P. Tomasito Ramírez S. J. dejó profunda huella por ser el P. Espiritual durante 25 años.

     

    Anonymous

    Antonio Beltran

    11 Apr 2016 - 10:59 pm

    Increible hisotoria de mi sacerdote; que gracias a el todavia soy Catolico, y el que me mostro el camino hacia Dios

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