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    Javier Raygoza Munguía
    Director del semanario PÁGINA Que sí se lee!
    de la Ribera de Chapala

    EL LAGO Y SUS ALREDEDORES

     

    El primero que habla de este lago es el P. Tello, que en su libro II citado por Mota Padilla, hablando de la expedición de Nuño de Guzmán en la conquista de la Nueva Galicia dice así:

     

    “Habiendo llegado a Zula, población de más de dos mil indios, no hallaron en ella gente alguna, y subiendo a lo alto del cerro se vio la gran laguna de Chapala, en la que entra el Río Lerma, o Toluca, o Salamanca, nombre que coge de su nacimiento y parte por donde corre, que después sale de dicha laguna con el nombre de Grande, por ser hijo de tal madre, que entre todas lagunas se intitula el mar Chapálico: tan especial, que sendo sus aguas dulces y saludable, son sus arenas limpias y está libre de cieno y atolladeros; sus playas son en algunas partes muy esparcidas, y en otras las aguas chocan en los riscos y peñascos, levantando olas, y sus resacas arrojan conchas y caracoles: tienen treinta lenguas (120 kilómetros) de longitud, y su circunferencia más de sesenta; produce en abundancia pescado bagre deleitoso al gusto, tan grande, que desde una cuarta, llega su variedad a vara y media, y el blanco llaga a media vara; tan sano, que a ningún enfermo se le prohíbe, y no hay pescado como él en todo el reino: tiene esta de anchura siete legua, y en su medio dos isletas, una de más de cuatro mil varas, muy frondosa; muchos son los pueblos que tienen asiento en sus márgenes, por lo que se denomina con sus nombres, si bien el más común es el de Chapala, como que chocan las aguas en los muros de la fábrica principal del pueblo.”

     

    El mismo P. Tello en su Libro IV, al tratar de la fundación del convento de Chapala, dice textualmente:

     

    “El pueblo de Chapala está a ocho leguas de la ciudad de Guadalajara, junto a la gran Laguna llamada MARE CHAPALICUM, a quien para engrandecer hasta decir que no la iguala aquella célebre que llaman de Malacayo, ni la Meothis, ni la llamada el Mar de Tiberíades, es de agua dulce y sabrosa, y tan limpia que las lamas que la humedad del agua suele criar no se halla en ella; tiene cantidad de pescado blanco y bagre, suficiente para abastecer la ciudad de Guadalajara (cabeza del Reino de la Galicia) y otras muchas partes. Tomó su denominación del mismo pueblo, porque se presume fue la cabecera aun en la gentilidad, por el mucho gentío que el tal pueblo estaba congregando, y así aunque hay diversidad de pueblos a sus orillas, no se llama sino laguna de Chapalac, mirando como al principal a este de Chapalac.”

     

    El Barón Alejandro de Humboldt, uno de los sabios más célebres de fines del siglo XVIII, que hizo viajes científicos a México, Ecuador y Perú, en su libro “Ensayo Político sobre la Nueva España”, dice en el Libro 1o. Cap. III, Págs. 363 y 364 lo siguiente:

     

    “En medio de tantas ventajas concedidas por la naturaleza a la Nueva España se padece en ella, en general, como en la España Antigua, de escasez de agua y de ríos navegables… Lo estrecho del continente impide la reunión de un gran caudal de agua; el declive rápido de las Cordilleras hace que se forme torrentes en vez de ríos, México está en el mismo caso que el Perú, en donde los Andes están también muy próximos a las costas, y en donde esta misma gran proximidad produce los mismo efectos de aridez en las llanuras vecinas.

     

    “Los lagos de que abunda México, y cuya mayoría parece disminuir de año en año, no son sino los restos de aquellos inmensos depósitos que al parecer existieron en otros tiempos en las grandes y altas llanuras de las cordilleras. Me contento en esta descripción física, con nombrar el gran lago de Chapala, en la Nueva Galicia, el cual tiene cerca de 160 leguas cuadradas, y tiene el doble de la superficie del lago de Constanza.”

     

    El mismo sabio, en su Tomo 2, en la Nota 104 a su Libro 3º. , Cap. VlII, hablando del origen de las bahía de Baja California y de Banderas, opina también sobre el origen de la Laguna de Chapala y dice así: 

     

    “Si se avanza al este de la bahía de Banderas en el interior del continente, se encuentra uno con el Lago de Chapala y la importante depresión de Sayula, que constituye una verdadera laguna en la época de aguas, y que viene a confirmar la idea de un hundimiento en esta región. Si se prolonga el eje de la Laguna de Chapala, va a dar a la Bahía de Banderas, indicando esto, en mi concepto, la dirección general de este hundimiento, debido considerar, por consiguiente, como una fosa o grieta abierta en la meseta, muy semejante a las fosas tectónicas del África, ahora lagos, como el Victoria Nyanza, etc., que forman las fuentes del Nilo.”

     

    En 1837 el gran naturalista y escritor francés Galeotti visitó en vía de estudio nuestro lago y publicó en el «Mosaico Mexicano» una hermosa descripción y muy interesantes estudios, de los que ahí copiamos alguna parte:

     

    Descripción: 

     

    “Es magnífico el espectáculo que presenta la laguna desde la cima de las montañas, situadas al Norte de la Hacienda de la Labor; pues se descubre por parte una inmensa extensión de agua con sus islas y orillas cubiertas de rocas, pueblos blancos, cabañas de pescadores, el edificio del presidio, las haciendas, las fértiles riberas cubiertas de campos de maíz y de garbanzo, grandes manadas de bueyes pastando en las llanuras, riachuelos sombreados por sauces y cinerarias; a lo lejos se alcanza a ver la cima nevada del volcán de Colima, que sobresale por entre la cordilleras de Talpa; las canoas que vuelan sobre la superficie tersa o ligeramente encrespada de la laguna en que se refleja un cielo azul: los montes de Tizapán, los que pertenecen al Departamentos de Michoacán, y las extremidades de la laguna ocultas por los vapores. Forman todo un conjunto que encanta al naturista y paisajista que sale de los áridos valles de Guadalajara para entrar en esta cadena de montañas, desde donde se extienden sus miradas por un horizonte siempre risueño, sin que se disminuya su entusiasmo, ni quede satisfecha su curiosidad. Se admiran allí una naturaleza bella y grandiosa aunque apacible y tan digna de excitar meditaciones, que parece que el alma se eleva y recrea con tan sublime contemplación.”

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